¿Es importante el don de sanidad hoy?

Enviado por admin el vie 31 de jul de 2015 a las 16:17
Jack Deere

Por Jack Deere

Lessa y yo tenemos una amiga muy querida que padece de graves jaquecas. Hasta ahora ningún médico ha sido capaz de descubrir la causa o de curarla de ellas. Algunas veces las jaquecas la debilitan, y otras, desaparecen antes de debilitarla. Nuestra amiga es una maravillosa esposa y madre, y ama a Dios con todo su corazón. Pasa cada madrugada meditando en la Biblia y esforzándose en oración para el progreso del reino de Dios. Nos contó el otro día que esas primeras horas del día son la razón más importante de su vida. Está convencida de que Dios la ha puesto en la tierra para esforzarse orando porque la gloria de Dios sea revelada. Ha sido tan fiel en la oración como el que más de los que yo he conocido.

Hemos orado para que el Señor sane a nuestra amiga de esas jaquecas, pero hasta ahora en realidad han empeorado. Hace poco un médico le prescribió una medicina que ha dado resultados en quitarle el dolor. El problema es que tiene que tomarla antes de irse a dormir, y la deja atontada hasta media mañana. Ahora nuestra amiga está atrapada en un dilema: si toma la medicina no puede concentrarse lo suficiente para orar o meditar de mañana, pero si no la toma, tiene que soportar graves jaquecas. Su tiempo de oración es tan importante para ella, que con frecuencia renuncia al alivio y soporta el dolor de las jaquecas a fin de continuar con su intercesión matutina.

Con frecuencia personas saludables me preguntan por qué pienso que la sanidad es tan importante. ¡Que le pregunten a mi amiga que sufre de jaquecas por qué es importante la sanidad! Contestará que el dolor físico puede ser terrible, pero que también el modo en que ese dolor interrumpe su vida de oración es igual de frustrante, sino peor. Claro que el Señor le ha dado gracia para soportar tanto el dolor como la frustración, y ella seguirá soportándolos si no le queda otro remedio. Pero preferiría tener la gracia de la sanidad.

A los enfermos les es fácil explicar por qué es importante la sanidad. De hecho, todo el mundo en realidad cree que curarse es importante. Tenemos hospitales y médicos porque la gente cree que la sanidad es primordial. En el mundo occidental los médicos han llegado a ser tan eficientes en la curación de enfermedades y dolencias, que la gente ya no piensa que les haga falta Dios para que los sane. La sanidad divina no parece tan importante hasta que llegamos al punto en que los médicos y la medicina moderna ya no pueden ayudarnos. Cualquiera que sufra de una enfermedad crónica que la medicina moderna no puede curar o aliviar lo suficiente, tendrá muy pronto un punto de vista diferente acerca de la importancia de la sanidad divina.

Yo he permanecido junto a una cama de hospital observando cómo un precioso bebito moría de SIDA. El médico y los hospitales habían hecho todo lo que estaba a su alcance. Notificaron a los padres que lo habían desahuciado. La iglesia de la familia les había dicho que no había esperanza y llegaron a predicar contra la sanidad divina.

No obstante, los padres del bebecito tenían la esperanza de que su iglesia estuviera equivocada. La angustia de sus rostros valía por muchos volúmenes acerca de la importancia de la sanidad divina.

No es necesario tener SIDA para comprender que la sanidad divina es importante. Ninguna de nuestras enfermedades o dolores es demasiado insignificante para presentarlos ante el Señor. Él mismo nos ordena “echar toda nuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de nosotros” (1 Pedro 5:7). Es legítimo traer ante él cualquier cosa que nos cause ansiedad. Puede ser una enfermedad o un problema crónico que los médicos no pueden curar, o quizás una enfermedad cuya cura no podemos sufragar. Cualquiera que sea, tenemos permiso divino para traerlos a Él antes que todo.

La sanidad es tan importante para nuestro Padre celestial que ordenó a los ancianos de la Iglesia que oren por los enfermos como parte de su ministerio de pastores (Santiago 5:14-16). A nuestro Padre le importa toda nuestra persona. Se preocupa por nuestro cuerpo y nuestras emociones, no sólo por nuestras mentes y voluntades. Hay una mentalidad gnóstica hoy en la mayor parte de la Iglesia, que enseña que a Dios no le interesan realmente nuestros cuerpos. El apóstol Juan no pensaba así en su época. Él mostró el cuidado de Dios por el cuerpo cuando inspirado por el Espíritu Santo escribió a Gayo: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).

La sanidad no es el único don espiritual importante. El Señor nos ordena desearlos ardientemente, en especial el profetizar (1 Corintios 12:31; 14:1, 39). Los dones se nos dieron como instrumento para edificar el cuerpo [de la iglesia] (1 Corintios 12:7, B.d.l.A.). Nunca podremos saber demasiado de la Palabra ni ser demasiado maduros para los dones espirituales. No conozco a nadie que haya llegado al nivel de madurez o conocimiento que alcanzó Pablo. Mas Pablo nunca pensó que hubiera sobrepasado su necesidad de los dones.


Citado del libro Sorprendido por el Poder del Espíritu, de Jack Deere (Editorial Carisma).

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