Día 4 - 23/09/2015 - Madre, ¡estás creando una identidad!

Enviado por admin el mar 22 de sep de 2015 a las 21:34
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Sus hijos se levantan y la felicitan...

Proverbios 31.28

En muchas plazas se levanta un monumento a la madre. La manera como ese homenaje está perfilado dice todo sobre lo que el escultor ha reflexionado, o vivido, en relación con la maternidad. Siempre que veo una de esas estatuas con un niño en brazos siento el impulso de añadirle una escoba, cacerolas, ropa recién planchada y un carrito de compras.

Aún cuando esté rodeada de empleadas, niñeras, tías o abuelas que sobrelleven gran parte de la responsabilidad, la madre es llamada también la “reina del hogar”, el “alma de la casa”, “la patrona”.

En las biografías de personas eminentes se mencionan los sitios donde cursaron estudios, a veces con quién se casaron, pero rara vez, el nombre materno. Sin embargo, los primeros años de vida son fundamentales y dependen del hogar. Si bien los errores de los mayores suelen ser imperceptibles al principio, en casos de personalidades enfermas que acarrearon dolor en la comunidad, también cabe sondear qué brazos los arroparon, qué labios sonrieron o cantaron con la criatura.

La cantidad de tiempo que permanece la mamá en casa, moviéndose entre diversas actividades, resolviendo imprevistos, respondiendo preguntas, interactuando con otros, ordenando la marcha del día desde que se inicia, hace de ella el eje. Sus actos, sus reacciones, sus palabras son de conocimiento de todos. Por eso, ocupe o no el rol de mando, es la persona más influyente. Los hijos saben más de su ser interior (sentimientos y emociones de ella) que del interior del padre. Ella es la forjadora principal de su personalidad, su punto de referencia por muchos años. Por ello, sus hijos la bendecirán en sus corazones.

La mujer cristiana despliega su verdadero carácter espiritual fundamentalmente en el hogar. Es imposible sostener una imagen de paz en la intimidad si no está bien arraigada. La falta de un espíritu pacífico trae consecuencias malsanas para el desarrollo de los pequeños.

Hay diferencia entre pregonar la paz y que esta sea el modo personal de vida. No todos los que hablan de paz la tienen dentro de sí mismos. En cambio hay personas que transmiten paz a los demás, ¡sin siquiera mencionar la palabra! No es aparentar indiferencia ni confianza en uno mismo, sino que la paz de Dios reine en el corazón a pesar de todas las condiciones negativas.

Para los hebreos, lo mejor que pueden desearse el uno al otro es que tengan paz, no abundancia, ni diversión, ni éxito, ni siquiera salud. Esto no es sorprendente para quien haya profundizado cuánto encierra la palabra paz.

Los pacificadores son llamados hijos de Dios (Mateo 5.9). Jesús dijo que se puede identificar si una casa está habitada por alguien digno de paz (Lucas 10.6). Seguramente es lo que más deseamos para nuestro propio hogar.

Las palabras son un vínculo de paz y, si son dichas a tiempo (Proverbios 25.11), contribuyen a desarrollar el carácter de los menores.

Las riñas y las acusaciones provocan en la familia distanciamientos difíciles de superar.

Las humillaciones son para el niño como plagas que atacan las raíces de un cultivo.

Desde todo punto de vista, se gana mucho controlando el tono de voz y las palabras innecesarias. La voz iracunda no añade mayor autoridad.

El silencio de un cristiano frente a una situación caótica no es otra cosa que una victoria interior, a la que conocemos como “dominio propio”.

La mujer o el hombre que cultivan la paz de Jesús (¡y cuánto más si son ambos!) ven brotar en los hijos el respeto por las cosas santas, la fe frente a la adversidad, la calma en el presente y buenas perspectivas para su futuro. Forjan así una identidad sana con el conocimiento de la pertenencia a una familia celestial.

Cristina K. de Sokoluk
Iglesia Feliz Encuentro, Posadas, Misiones

 

 

Motivos de oración

  1. Padre, te pido que la paz de Jesús entre en los rincones de mi ser donde aún no haya penetrado.
  2. Ayúdame a distinguir todo lo que esté en mí que me aparte de tu paz: temores, frustraciones, rencores, complejos, impaciencia, ambiciones egoístas y cualquier otro impedimento.
  3. Permite que mi familia se beneficie como resultado de respirar tu paz de modo permanente.

Acciones prácticas

  1. Mírate en el espejo preguntándote qué estás haciendo o qué has logrado como formador/a de una identidad sana en los tuyos.
  2. Hoy acércate a un familiar agredido por tus palabras y pídele perdón.
  3. En estos días, abraza a un joven que no tenga madre.

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