Líder Sano Vs Líder Manipulador

Enviado por admin el mié 2 de sep de 2015 a las 18:59

Carlos MraidaPor Carlos Mraida

Estando Pablo y Bernabé en Iconio, el relato bíblico afirma que «Al ver lo que Pablo había hecho, la gente comenzó a gritar en el idioma de Licaonia: “¡Los dioses han tomado forma humana y han venido a visitarnos!” A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque era el que dirigía la palabra. El sacerdote de Zeus, el dios cuyo templo estaba a las afueras de la ciudad, llevó toros y guirnaldas a las puertas y, con toda la multitud, quería ofrecerles sacrificios. Al enterarse de esto los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron las vestiduras y se lanzaron por entre la multitud, gritando: “Señores, ¿por qué hacen esto? Nosotros también somos hombres mortales como ustedes. Las buenas nuevas que les anunciamos es que dejen estas cosas sin valor y se vuelvan al Dios viviente, que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos”» (Hechos 14.11-15).

La gente puede querer endiosarnos, pero nosotros los líderes no debemos permitirlo. La Biblia habla de honrar, sujetarse y obedecer a los pastores, pero no de crear vínculos de codependencia ni de endiosamientos.

Aquellas mujeres eran profetizas, líderes espirituales del pueblo de Dios, sin embargo, ejercían un poder de seducción sobre la gente que hacía que capturaran el alma (es decir, el aparato psico-emocional-volitivo) de las personas del pueblo de Dios: «Ustedes atrapan a la gente como a pájaros».

Así funciona hoy también el liderazgo manipulador del pueblo de Dios, ejerciendo una especie de seducción, de hipnosis. La gente no analiza lo que se dice, sino sigue «ciegamente» a una persona debido a su carisma, su forma de hablar, su imagen o mecanismos de manipulación masiva conscientes. Estos líderes ejercen tal control que pueden incluso maltratar y humillar desde el frente y públicamente a alguien de manera directa sin que esa persona reaccione. Pueden conseguir que aquellos que le siguen hagan cosas que no harían en otro contexto. Pueden lograr que funcionen según el sistema que ellos imponen, colocando ese sistema, sus actividades y objetivos por encima del matrimonio de ese seguidor, sus hijos y sus metas personales.

Tal vez has sido o estás siendo víctima de un liderazgo de este tipo, pero tienes que renunciar a ese nivel de seguimiento sectario. Como vimos antes, eso es el resultado de un nivel de dependencia del líder que no es el que Dios quiere. Un líder sano es alguien que tiene autoridad espiritual sobre sus seguidores para enseñarles la Palabra y desatar el potencial que tienen en la vida, de modo que sean no solo hijos de Dios, sino siervos del Señor que cumplen un propósito en la tierra, y que así todos funcionen en orden y bajo ciertos criterios dentro del programa eclesial. Él hace esto promoviendo siempre la libertad de las personas, su crecimiento en todas las áreas de la vida, la madurez, el logro de los objetivos personales y familiares, así como la realización de cada uno. ¡Qué maravilloso es estar en sujeción espiritual sana bajo un liderazgo de este tipo!

Sin embargo, cuando el líder ejerce esa autoridad espiritual manipulando a la gente, decidiendo por ella, haciendo que todos trabajen para su visión y que al término de la misma el único realizado y prosperado sea él, mientras el pueblo sigue empobrecido, sin sentido de realización en la vida y sin alcanzar sus objetivos, entonces estamos frente a un liderazgo enfermizo.

Y Dios no nos manda a que nos sujetemos a gente enferma y manipuladora, aun cuando no lo hagan mal intencionadamente. La autoridad no se impone, la autoridad se reconoce. Y la reconoces porque esa persona es un ejemplo de integridad, de entrega, de buscar el bien de todos y no solo el propio, proveyéndote herramientas para tu crecimiento integral. Cuando reconoces la autoridad en alguien, no tienes problemas para sujetarte. Por el contrario, cuando un líder no tiene esa autoridad espiritual que lo respalda, necesita recurrir al autoritarismo y la manipulación, ejerciendo control sobre la gente.

El líder sano libera, el enfermo controla. El líder sano promueve, el enfermo estanca. El líder sano abre, el enfermo cierra. El líder sano comparte autoridad y poder, el enfermo los concentra en sí. El líder sano no solo pide que trabajen para su visión, sino trabaja para que las visiones de su gente se cumplan; el enfermo solo pide que todos trabajen para lograr sus objetivos. El líder sano le abre el mundo a su gente para que se desarrollen en todas las áreas de la vida, el enfermo te encierra en el mundo eclesial. Con el líder sano cada vez te sientes más libre y feliz de estar bajo su autoridad, mientras que con el líder enfermo cada vez te sientes más controlado y preso. Por eso a través de Ezequiel el Señor dice: «Rescataré a mi pueblo [...] para que dejen de ser presa en sus manos».

Por desdicha, este tipo de liderazgo enfermizo existe porque hay muchos creyentes que desconocen la Palabra y entregan el poder sobre sus vidas a otras personas y no únicamente a Dios.


Artículo tomado del libro Libre de la Manipulación © 2014 por Carlos Mraida. ISBN 9780829763164.

Etiquetas: Artículos Carlos Mraida Liderazgo Pastoral